Levi Galindo: ¿Solo o bien acompañado?

Por: Levi Galindo @levigalindo

Hablar sobre relaciones de pareja y la forma de construirlas, es un tema complejo como todo lo que tiene que ver con las relaciones humanas. Existen tantas variables, gustos, preferencias, personalidades y maneras de percibir el mundo que considero imposible una fórmula genérica que aplique para todos, sin embargo, quiero plasmar en estas líneas una opinión particular y estrictamente personal, tan válida como todas las demás que sean funcionales para cada quien.

Conocer a alguien que nos agrade, a tal punto que nos genere la suficiente motivación para convertirse en nuestra pareja, es un maravilloso regalo de la vida, que vale la pena recibirlo, agradecerlo y cultivarlo. En este proceso pueden surgir varias sensaciones, sentimientos y emociones propias de los seres humanos. A continuación voy a mencionar algunos aspectos asociados a este tema y la interpretación que le confiero a cada uno:

El amor: estoy del lado de los que definen el amor como una decisión personal, voluntaria y constante, por supuesto que tiene que haber algo de magia, feeling, esa chispa irracional que nos atrae a nuestra pareja, pero esa magia se activa por momentos. El resto del tiempo es donde se demuestra un nivel más alto de nuestra capacidad de amar, dándole la debida importancia a la alteridad y a la empatía, sin procurar cambiar la esencia del otro, valorando y dignificando las virtudes que nos gustan de nuestra pareja, aceptando sus defectos y negociando las diferencias que surgen de la convivencia cotidiana, en el marco del respeto y la equidad. Como hemos escuchado, en reiteradas ocasiones, se requiere de comunicación asertiva para ello.

El sentido de pertenencia: si bien es cierto que el sentido de pertenencia permite reconocer de dónde somos y que nuestros planes van en función de ese sentido, es menester aclarar que no tenemos dueño. Poseer cosas es necesario y satisfactorio; cuando tenemos algo con lo que podemos contar para dar respuesta a nuestras necesidades de la manera que preferimos, esto se convierte en una acción totalmente placentera y agradable. Es un acto simple y preciso, como aquél representado por cualquier objeto o utensilio de uso personal que colocamos en algún lugar de nuestra casa y cuando lo necesitamos nuevamente solo tenemos que ir al sitio donde lo dejamos y ahí está, tal cual como quedó la vez anterior, intacto, y Dios libre que alguien lo haya usado sin permiso porque conocerá la peor versión del dueño de tal objeto. Esta es una característica normal y propia de los seres humanos que solo aplica para las cosas, objetos y utensilios, pretender que otra persona me pertenezca es sinónimo de frustración segura, los objetos no tienen capacidad de decisión, pero las personas sí.

Los celos: son sentimientos normales de los seres humanos, pero los excesos pueden estar asociados a inseguridades personales. Si en algún momento sentimos miedo de que nuestra pareja conozca a alguien y se «enganche» con esa otra persona porque encuentra en ella algo que no ve en nosotros, entonces estamos siendo víctimas de nuestros propios complejos y nos vendría bien revisar nuestra autoestima.

La confianza: se requiere de mucha energía para tratar de mantener vigilado o controlado a un sujeto 24/7. Pensar en que nuestra pareja pudo haber escogido a otra persona y pudiera estar en cualquier otro lugar del mundo y, por voluntad propia, está a tu lado, es una píldora de confianza. Pienso que es hasta reafirmante saber que tu compañero no está en la obligación de estar contigo, que es libre de estar con quien quiera y, sin embargo, prefiere estar a tu lado. También podría servir el reflexionar sobre la diferencia entre fidelidad y lealtad.

La franqueza: nadie posee todas las virtudes humanas, toca aceptar que ninguna persona tiene la capacidad de complacer absolutamente a otra, lo importante es armarse del valor suficiente para mostrar con honestidad y autenticidad nuestras fortalezas y también nuestro lado oscuro, del bueno cualquiera se enamora, pero mostrar esos aspectos no tan afortunados de la personalidad te permite confirmar quién te quiere de verdad, tal cual eres.

Entonces, ¿Solo o bien acompañado?: existe una frase popular que reza: «es mejor estar solo que mal acompañado», yo digo que es mejor estar bien acompañado que solo, cuando compartimos nuestra vida (triunfos y desaciertos) con otra personas, cuando exponemos nuestras virtudes y vulnerabilidades ante el otro, nos redescubrimos y crecemos en el conocimiento de nosotros mismos. Somos seres gregarios, o como diría Aristóteles: seres políticos, en palabras más sencillas: seres sociales; una cualidad que no deberíamos despreciar, sino al contrario, aprovecharla, y lo sugiero porque he transitado algunos kilómetros para confirmarlo y refrendarlo. Desde mi punto de vista, es más rico disfrutar la vida en la sana compañía que implica una pareja en los mejores términos posibles, dentro de un contexto de pluralidad humana donde tácitamente influyen los elementos antes mencionados que son producto de la construcción social de la realidad.

“Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo.” (Génesis 2:18)


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