Recuerdos de Abril

Juan Barreto con el pueblo venezolano en el 11 de abril rebelde

Juan Barreto en el 11 de abril

Por: Juan Barreto @juanbarretoc

Un nombre a veces no nos dice nada. La misma ocurrencia la tienen las palabras. Pero los nombres pueden ser también significantes llenos de historias y deseos. Rostros parlantes que gritan y denuncian.

Los rostros y los nombres pueden ser también relatos, conceptos, síntesis de procesos. Cristo, Mao, Bolivar, Chavez, el Che. Pero también Stalin y Musolini. Cómo contar una historia vacía de protagonistas y sujetos? 11 de Abril del 93. La reunión no terminó tan tarde. Como de costumbre, por estas fechas en Pretoria hace buen tiempo, ella se despidió de sus camaradas y se marchó por el camino de siempre. Fue sólo en el instante del disparo, cuando supo que estaba irremediablemente en manos de la muerte. El informe forense indica que Chris Hani recibió cientos de golpes y un tiro en la cara antes de abandonar este mundo. Horas después, sus asesinos fueron capturados celebrando, borrachos, en un bar de Pretoria, frecuentado por militantes de la juventud Apartheid de Sudáfrica.

En su defensa argumentaron que lo hicieron porque se trataba de una comunista. “Negra y comunista, entonces merecía morir”. Comunista: un nombre que no es cualquier nombre común. Ningún medio dijo que se trataba de una maestra alfabetizadora de 67 años que salía de dar una clase gratuita en un barrio pobre. “Muere Comunista de manera violenta y extraña”, titulará The Mirrow”.

Curiosa forma de mentir diciendo la verdad. Murió Comunista. Que quiere decir? Término que para algunos resulta temible, doloroso y por ello también abominable.

Pudo haber sido Judío, Musulmán, o qué se yo… pero no, era maestra, alfabetizadora, una anciana, agavillada por una turba de muchachos blancos fanáticos de la ultra derecha. Chris Hani había decidido abandonar el CNA y con ello cualquier cargo o prebenda, para consagrarse de por vida al peligroso oficio de darse a los demás por entero, haciéndose comunista, lo que en la Sudáfrica del Apartheid era igual que jugar con la muerte.

Las historias de injusticias rondan por los lugares y aveces se repiten en contextos distintos. A eso de las cuatro de la tarde del 11 de Abril de 2002, Yesenia Fuentes, se encontraba en las inmediaciones de Puente Llaguno, en una manifestación pacífica permitida, en respaldo al presidente Chávez. Recibió un disparo en la cara. Otro, un roce de bala en el abdomen. Paradójicamente, Yesenia corrió con más fortuna que Chris, pues ese día, decenas cayeron muertos o quedaron gravemente lesionados de por vida por ser bolivarianos.

Otros tantos, del lado de la oposición, también resultaron heridos o muertos, utilizados por la violencia golpista, golpeados por la fuerza de prestarse a la aventura de la intolerancia, disparados por los policías y mercenarios contratado por los políticos y empresarios involucrados en el Golpe de Estado. Las transmisiones de radio de la PM de entonces, decían: “Dispárenle a la chusma” y los canales de TV satanizaban hasta la condena a muerte, a todo aquel que simpatizara con Chávez, mientras Capriles Radonski asaltaba la embajada de Cuba.

Demostración para la historia y la memoria de que aquí también hay fascismo para rato. Luego las cosas se fueron aclarando poco a poco. La rebelión fue tomando forma y miles, una magnitud inconmensurable se hizo deseo político y sujeto. Entonces, los caballeros del odio, los carniceros de TV, los que gritaban furibundos: “¡Prohibido Olvidar!” se dieron a la fuga y se sumieron en las aguas profundas del olvido instantáneo.

Diría el maestro Derrida que, la vida y la muerte siempre únicas, son un paradigma; más que un símbolo cuando toman carne y forma de nombre propio. Un nombre por otro, un nombre puede ser una palabra maldita o un conjuro. “Y es esto lo que un nombre propio debe nombrar”, dice Derrida. Ya hace tiempo que no la veo, tal vez se la trago la rutina de la sobrevivencia. Aunque de cuando en cuando me topo con Yesenia. Ella ahora consagra su vida a un apostolado. Es miembro de ASOVIC, la organización que agrupa a las víctimas del 11 de Abril. Por un tiempo también fue promotora de otras quimeras.

Nosotros siempre le apoyamos desde REDES, nuestro complejo partidario de organizaciones de base, nuestro encuentro con cientos de esperanzas y sueños de los que nos reclamamos del Movimiento Popular y venimos de un largo camino de repliegues y avances para la acumulación de fuerzas, experiencias y la forja de complejas formas de relación desde donde nos ha sido posible resistir, construir y soñar. Desde donde surge entonces la consigna: Soberanía, Comuna, Producción y Defensa, como síntesis de lo que vamos siendo.

En esos encuentros no puedo evitar la emoción. La recuerdo con el rostro ensangrentado, en la madrugada del 12 para amanecer el día 13, en las afueras de Miraflores, entonces la asoció con la anciana Comunista de Sudáfrica. Cierro los ojos y la veo a mi lado, exigiendo el retorno de Chávez. Ella es para mi el retorno de ese día. No se confundió, no se escondió. Dejó a sus muchachos con su mamá, pasó por varias funerarias y se vino a las calles a correr suerte de Chris Hani, con los que no tiene privilegios ni rostro ni voz, los que ponen el pellejo mientras otros se esconden.

Cierro los ojos y veo el rostro del fascismo criollo celebrar borrachos en la quinta La Unidad, jurando castigo y muerte al pueblo humilde venezolano. ¡Qué valor y qué entrega la de Yesenia! Para Chris, con el tiempo hubo justicia. Sus verdugos reconocieron su crimen horroroso y pidieron perdón. Aquí Yesenia sigue luchando para que se haga justicia. Poco a poco el olvido va tapando los eventos y acomodando las cosas al poder de turno. Videos y testimonios de esa fecha, van desapareciendo de los medios. Actores actuales de lado y lado preferirían borrar del todo esa fecha. Quemar los calendarios, alterar las cronologías. Mientras, algunos nombres comunes, siguen retumbando tercamente, no pueden ser borrados, son testimonios que perseveran y vuelven como fantasmas acusadores de recreos y cobardias, restos naufragados que emergen desde una verdad rebelde e incómoda que se niega a claudicar ante los nuevos acomodos del presente. Nombres comunes que contienen fechas y acontecimientos que son como tatuajes en el alma, golpes de voz que denuncian el performance de cada quien “a la hora de la verdad” en esos días decisivos, nombres que se llaman y se llaman de memoria, de identidad y que de cuando en cuando insurgen poniendo las cosas en su lugar resucitando los tiempos.

juanbarretoc@gmail.com

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